La película que recientemente se estrenó, respira de esa
nostalgia. La secuencia del espectáculo con todo y viejitos en el palco, nos
permite ver, de nueva cuenta, las coreografías, las cantatas y las humoradas
que siempre gustaron a una buena parte del público.
El contexto al show, un entramado de historias de
realización y reencuentro, no deja de gustar. Por momentos, melosa; por
instantes, pletórica de carcajadas, la pieza cinematográfica vale por su buen
trabajo.
Algunos fragmentos de actuación anodina (no de los Muppets,
desde luego), y las coreografías un tanto cuanto sobradas, serían los defectos
de la cinta. Pero hay que verla, disfrutarla y meditar posteriormente sobre la
importancia de la comunidad, la persistencia y el orgullo de una vocación a la
que no debe nunca uno de renunciar.
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